PACO

No es una pasión tardía.

El vicio que, desde la infancia, me impulsaba a devorar libros pronto devino en el deseo de emular a sus autores. Pero tras los poemas de juventud sólo tuve la valentía de afrontar breves relatos, cuentos de lectura tremendamente rápida.

Quizá fue la percepción de una incapacidad para abordar proyectos a largo plazo, tal vez la ausencia de una historia digna de ser contada, o puede que simplemente mi propia pereza.

Y cuando ya crees que el sueño se desvanecerá en el olvido, allí donde residen los deseos incumplidos, pasados los cuarenta, surge la historia y la necesidad de despertar una pasión latente. Algo ocurrido se transformó en una idea desde la que construí una ficción. Así nació “Caramelito”.

Creía que era una aventura aislada, una demostración a mi ego con punto final. Sorprendentemente, cuando mi mente aún no se había liberado de una vida imaginada ya estaba gestando la invención de otra realidad: “El destino en la memoria”.

Los elogios, siempre vertidos por personas cercanas, me empujaron a las pretensiones. Las pretensiones, inesperadamente, se han traducido en la obtención de un premio literario. Ser primer finalista es un gran premio para el que nunca ha recibido ni esperado tal consideración.

Tras el reconocimiento del “Destino en la memoria” he pensado en la ingenuidad de “Caramelito”, en los errores de la primera ilusión. Así, con la certeza de que, pasado este tiempo, lo escribiría de otra forma, he decidido escribirlo de otra forma y además, he aquí el sentido del blog, compartirlo en este medio aunque sea a “pedacitos” semanales.

domingo, 19 de febrero de 2012

42

Y Pablo se reincorporó al resto del mundo.
   Mas la reincorporación no es integración. De piel hacia fuera todo era distinto. En el colegio la vida había perdido alicientes, hasta entonces la razón de tantas cosas.
  Los compañeros, en el tono irónico y de mofa habitual que él tantas veces había empleado, se cebaron con su “supuesto malestar” del lunes. Algo gracioso si Pablo no hubiera olvidado la gracia en alguna parte. – Vaya fiesta, a saber qué has hecho el finde. – A saber- contestaba con la mejor sonrisa que le era posible. La verdad es que, por gracia de la cerveza, no sabía con certeza lo que paso ni lo que hizo el “finde”. Días sin huella. A partir de entonces decidió rehuir a sus compañeros, simplemente porque no podía centrarse en cuestiones que carecían de interés. Las conversaciones de siempre no sólo no aminoraban su estado anímico sino que eran un lastre en la búsqueda de la normalidad interior.
   Tampoco los niños captaron su atención. Lo que antes le llenaba ahora no cubría nada del vacío. Se veía como un convaleciente que a duras penas lograba llevar las sesiones de clase. En un momento dado, como si de una broma se tratara, como si el destino quisiera hurgar en la herida, una niña hizo un comentario inocente que le provocó una recaída sobre la caída de la que no se había recuperado. Se llamaba Lucía, esa era la razón del comentario y de la desazón de Pablo.
   - Pablo, ayer me enteré de que hay un guitarrista que se llama Pablo de Lucía ¿A que es gracioso?
   - Es un genio de la guitarra, Lucía. Y se llama Paco, Paco de Lucía.
   La gracia era tan desacertada como desacertado el concepto. Pablo no era de Lucía ni nunca lo sería. Y se preguntó con escepticismo si alguna vez alguien llegaría a serlo.
   Los siguientes dos días no hubo cambios, no los hubo en su nueva “forma de vida”, y le remordía la conciencia porque ésta, se basaba en el cambio de su percepción de todas las cosas, en el cambio de su sistema de prioridades. La prioridad era su propia angustia. Estaba irritable con los alumnos, más intolerante. Lo que siempre fue divertido ahora era estúpido. Los niños pasaron a ser egoístas, interesados, irrespetuosos y malcriados…cada vez más insoportables…y en base a ello cada vez le era más difícil soportarlos. Pensaba que era cuestión de tiempo, ya se sabe, la medicina que locura todo. Pero estaba equivocado. Aún no podía imaginar las proporciones de las secuelas que aquellos veintiún días con Caramelito tendrían para él.

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